lunes, octubre 19, 2009

El Uso Social del Deporte

El reciente inicio de la campaña de béisbol en Venezuela me ha hecho reflexionar, una vez más, acerca de la visión que generalmente tienen las personas sobre los deportes. El común de los fanáticos tiene una irracional incapacidad para apreciar el desempeño real de los equipos o atletas de su agrado; y es que pareciese que al final el objetivo como espectador de un deporte no es apreciar la calidad expuesta por los que se desempeñan en el mismo. Es extraño escuchar a algún fanático hablando sobre apreciaciones estéticas de los deportes o alabando la calidad técnica de algún deportista o conjunto. Lo más común es que los fanáticos de los deportes (al menos con los que tengo más roce, que son los del béisbol en Venezuela y los del fútbol en España), los utilicen como una forma de relacionarse a través de las peleas y las descalificaciones.
En términos generales estos "fanáticos" sólo quieren encontrar a alguien del equipo contrario para inmediatamente comenzar con la diatriba verbal, insultos y descalificaciones. Incluso he visto personas con un absoluto desconocimiento del deporte practicado por su equipo favorito sumergirse en "guerras" verbales inacabables con sus congéneres (en mi país es particularmente común que las mujeres tomen posición en alguno de los equipos con mayor fanaticada, sin tener mucha idea de las bases fundamentales del juego).

En Venezuela, por ejemplo, la más común de las conversaciones relacionadas con el deporte nacional, es algo como lo que sigue:

Sujeto A: ¿Te gusta el béisbol?
Sujeto B: Claro que sí.
Sujeto A: ¿De que equipo eres?
Sujeto B: Del Magallanes
Sujeto A: (Gracias Dios) ¿Y no te da pena ser fanático de esa mierda de equipo? Porque yo soy del Caracas y te digo que este año seremos campeones de nuevo!!!
Mi cerebro mientras escucho la conversación: So fucking what??? Quién carajo te preguntó que demonios piensas tú??? Y más importante aún: Por qué carajo dices eso si "tu" equipo está de último en la puta tabla, sin ninguna opción a otro titulo que no sea "Peor Equipo de la Campaña"??? Objetivamente tu equipo (del cual yo también soy fanático) es una mierda y deberías ser más modesto con tus opiniones!!!
Sujeto B: Que coño van a ser campeones esos peloteritos de mierda!!!
Etc, etc, etc.

Espero que algún día, se aprenda a disfrutar de los deportes por lo que realmente son, por lo que puede apreciarse en ellos, más que por su capacidad de ser utilizados en "divertidísimas" discusiones verbales.

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lunes, agosto 10, 2009

La Tolerancia del Intolerante

Hace algunos días tuve una discusión con algunos compañeros de trabajo que me hizo reflexionar sobre el concepto de tolerancia que maneja el común de las personas. La discusión mantenida con mis compañeros giraba en torno a un ejercicio, cuya resolución se basaba en la aplicación de la más estricta lógica. Bajo mi perspectiva, con los datos suministrados, la solución lógica del ejercicio era imposible (y puedo decir en mi favor que ninguno de nosotros fue capaz de resolverlo). Finalmente alguien consigue la resolución del ejercicio (proporcionada por la persona que lo propuso) y repentinamente se agrega un dato adicional que según la opinión de la mayoría era “inferible” del planteamiento inicial. Yo mantengo mi posición y digo que era el dato adicional era necesario, y no inferible, para la resolución del ejercicio y en ese punto empieza el dilema que da titulo al post. Yo explico 2 veces cual es mi posición, con su sustentación lógica correctamente argumentada, y mis compañeros hacen lo propio unas 10 veces, después de las cuales yo doy por zanjado el asunto ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Simplemente, expresé mi reconocimiento y respeto hacia la solución del resto, aclarando que no la compartía, y les comenté que ante la imposibilidad de un acuerdo entre las partes, por la irrelevancia de la discusión y finalmente bajo la necesidad de volver a nuestras labores diarias, debíamos dar por terminada la discusión. Ante lo que a mi juicio es una posición intermedia y conciliadora, inmediatamente soy calificado de intolerante.

Todo el relato anterior no es una excepción en mi vida, tener una percepción distinta del mundo que me rodea, siempre me lleva a situaciones similares, lo que me hace intentar comprender que es lo que el común de las personas maneja como concepto de intolerancia. Antes de empezar a departir sobre el tema pretendo apoyarme en la definición del diccionario de la RAE para exponer lo que considero el concepto real de tolerancia:

tolerancia
(Del lat. tolerantĭa).
1. f. Acción y efecto de tolerar.
2. f. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Entonces, en mi opinión, mi actitud fue de perfecta tolerancia, y he aquí la explicación del malentendido: para el común de las personas (al menos en Venezuela), la tolerancia consiste en que los individuos que formen parte de alguna minoría cedan en sus posiciones ante la presión de las ideas generalmente aceptadas. Por ejemplo, en este país, si vas a una fiesta y no tomas alcohol a pesar de la insistente presión eres un intolerante, si no te gustan las discotecas, y por tanto no vas a ellas a pesar de numerosas invitaciones, eres un intolerante. Pero, poniéndonos en el caso contrario, si a alguien le gusta leer e invita a un foro de lectura a cualquier representante común de la fauna criolla, este puede decir que no tranquilamente y no es un intolerante, simplemente considera que eso es una actividad aburrida y no quiere perder su tiempo en ella.
Lo expuesto en el párrafo anterior no son suposiciones infundadas, son años de experiencias propias y reflexiones sobre las mismas. Es importante comprender que la tolerancia de una persona no consiste en que se comporte como se le pide, dejando de lado sus creencias y valores fundamentales. La tolerancia no consiste en romper tu propia integridad ante la presión social. La tolerancia es entender, valorar y respetar la diversidad de opiniones, comportamientos y formas de pensar por más que estos nos puedan resultar extraños, molestos o incomprensibles.

lunes, julio 27, 2009

El Socialismo Inteligente

Semanalmente dedico varias horas de reflexión a la deteriorada situación económica que vive mi país, Venezuela, así que decidí destinar un post a uno de los motivos fundamentales por los cuales el país está en su posición actual: el socialismo.

Desde hace mucho tiempo he ubicado mi posición política y económica en la izquierda, pues el sistema que predomina actualmente en el mundo no me parece el más adecuado. Me parece triste el modelo de depredación actual, el de la supervivencia del más apto y el que soporta como racionalmente admisible el sufrimiento ocasionado por la pobreza. La observación de los números por encima del respeto a la humanidad.

Como muchos se imaginan a estas alturas soy socialista. No socialista de los de la América, no, no escribo sobre el socialismo entendido como una máquina de producir votos. No pienso en el socialismo de los regalos, del populismo, soy partidario de un socialismo inteligente.

El modelo de socialismo inteligente, no se basa en quitarle las propiedades a sus respectivos dueños para regalárselo a un conjunto de trabajadores que no tienen idea sobre como ejecutar los procesos productivos de los que se están haciendo cargo. No se trata de estatizar la mitad de las industrias del país para convertirlas en empresas improductivas y parasitarias. Tampoco estamos hablando de hacer regalos directos a las personas más necesitadas, no se necesita regalar dinero u objetos directamente para ayudarlos.

El socialismo inteligente, al que me refiero es simple de definir, sencillamente consiste en dejar que los más aptos en el desarrollo de los procesos productivos se hagan cargo de los mismos, bajo un estricto marco regulatorio, para a través de los impuestos asegurar las condiciones mínimas de subsistencia a la parte de la población que se encuentra en situación de pobreza. Obviamente estoy hablando de un socialismo estilo europeo. Quizás el socialismo de Lula en Brasil, se acerque también al ideal del que hablo.

La clave no es quitarle los medios de producción a los que saben manejarlos (y no hablo del nivel fabril, hablo de los que saben coordinar todos los procesos inherentes a la producción para lograr que efectivamente se generen productos y realmente lleguen a comercializarse). La clave es dejar que los que saben producir lo hagan de la manera en que saben hacerlo, manteniendo como tareas del Estado la vigilancia del impacto sobre el medio ambiente y el respeto hacia los trabajadores a todos los niveles, y tomar parte de la ganancia generada a través de una fuerte carga impositiva. Algunos creen que esto es un problema. Que los altos impuestos y los marcos regulatorios estrictos espantan a los inversionistas. Nada más lejos de la realidad. Si dudan pueden investigar como le va a la economía sueca, a la mayoría de los países de la región escandinava o incluso pueden extender su ámbito de investigación a la mayoría de los países de Europa Occidental.

Las condiciones estrictas no espantan a los inversionistas. Quizás pueden hacer que varíe el atractivo de una economía, pero les aseguro que siempre habrán agentes económicos deseosos de invertir en un mercado con condiciones estables. Lo que asusta a los inversionistas son las condiciones cambiantes, el no poder proyectar las reglas de juego más allá de unos pocos meses en el futuro.

La otra parte del socialismo inteligente contempla la redistribución de la riqueza captada por el Estado a través de los impuestos, hacia las clases más empobrecidas. Como ya lo mencioné, no a través de regalos, si no a través de garantizarles las condiciones mínimas de subsistencia: un buen sistema hospitalario de atención gratuita, educación gratuita a todos los niveles, programas de alimentación gratuita o subvencionada y un largo etc.

Espero que alguna vez, podamos convertirnos en un país en el que se pueda invertir y en el que realmente se ayude a los menos favorecidos. Y más allá del tema económico, me gustaría vivir en un país en el cual podamos proyectar como queremos vivir el resto de nuestras vidas dadas las condiciones actuales.

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lunes, junio 22, 2009

La Caballerosidad del no Caballero

Siempre me ha gustado observar las verdades absolutas de la sociedad desde enfoques relativos. Poner en entredicho piedras angulares, esas reglas básicas de nuestro sistema desde un punto de vista lógico. Es una manía que no puedo evitar. Me encanta discutir con trogloditas inflexibles que generalmente comienzan a soltar espuma por la boca ante la falta de argumentos. Sobretodo, disfruto la forma en que se lee perfectamente en sus ojos que jamás, JAMÁS, le habían dado una vuelta al tema en sus cabezas, ¿Para qué carajo invertir tiempo de uso de sus neuronas en semejante banalidad? Para eso las reglas están puestas, te ayudan a la conservación de las neuronas bajo el lema de "lo que no se usa, no se gasta".

Uno de los temas que he tenido la oportunidad de discutir en un par de oportunidades es la "caballerosidad". Siempre me ha molestado sobremanera la concepción, que se tiene generalmente (al menos en Venezuela y parte de Latinoamérica) sobre el "perfecto caballero". A través de la observación he llegado a concluir que cualquier acción destinada a quitarle trabajo a una mujer se interpreta como caballerosidad. Por ejemplo, abrirles las puertas, dejarlas pasar primero en cualquier sitio, moverles las sillas de las mesas, etc.

¿Donde entra mi relativización de la realidad expuesta? Precisamente en que a mi no me importa tanto el "qué", si no el "por qué". Pongamos un ejemplo, un "caballero" sale con una bella mujer para pasar una hermosa y romántica velada. El caballero maneja hasta el local, se baja del carro corriendo para abrirle la puerta del automóvil a la mujer que lo acompaña, le abre la puerta del local, le retira la silla para que se siente y la ayuda a empujarla hasta la mesa, comen, él paga la cuenta, le abre la puerta del local para que ella pueda salir, abre la puerta del vehiculo, la lleva hasta su casa y la deja en la puerta. Sí, la escena está llena de clichés y les aseguro que es absolutamente intencional. Lo que acabamos de presenciar, el "qué", fue una retahíla de actos caballerosos... O al menos eso pensaría la mayor parte de las personas que conozco. Pero a mi esas acciones no me importan, para descubrir la caballerosidad necesito el móvil, el "por qué". ¿Mientras ese individuo realizaba todas esas acciones, pensaba realmente en regalarle bonitos gestos a la persona que ama, o que al menos le gusta, ó simplemente estaba siguiendo el protocolo habitual para llevarse a una mujer a la cama? Les aseguro que la mayor parte de los hombres lo hacen por la segunda razón. En muchas ocasiones he visto a mujeres que no han vuelto a ver a este "perfecto caballero" después de que él consigue su objetivo, o si se llega a establecer una relación duradera, lo más probable es que la caballerosidad disminuya drásticamente con el paso del tiempo. ¿Son esos caballeros? ¿La caballerosidad depende únicamente de sus gestos? No importa la respuesta, lo importante es al menos haber considerado esas interrogantes alguna vez. Tal vez, si eres mujer y nunca has pensado en esto, hayas confundido a tu caballero de plateada armadura con un patético machista. Sí, tal vez todos esos gestos que te regaló sólo fueron el protocolo a seguir para que un tipo que piensa que las mujeres solo son un objeto, consiga su objetivo.

Este post se lo dedicó a cierta amiga, con la que ya tuve ésta discusión. Creo que de alguna forma logré mi objetivo, porque estuvo una semana debatiendo el tema conmigo, trayendo nuevas ideas para "derrotarme". Al final en estos temas no existen "ganadores", y es precisamente eso lo que intento mostrar, que nada es absoluto, que todas las reglas "no escritas" como ésta son debatibles y se pueden poner en entredicho, con sólo someterlas a un leve razonamiento. No importa que aceptes las reglas que te dan, que decidas seguirlas, pero al menos debes estar consciente que lo haces, y de vez en cuando preguntarte por qué lo haces.

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lunes, junio 01, 2009

Disertaciones Filosóficas

Siempre ha sido difícil para un tipo como yo adaptarse a la sociedad. No es una cuestión de timidez, o de que no quiera hacerlo, es más bien una incapacidad real para comunicarme. La falta de experiencia en los temas comunes, que son los únicos que la mayoría de las personas manejan, me dificultan las conversaciones. El hecho de estar poco interesado en los mejores licores, las mejores ropas, la música de moda y adicionalmente mi percepción del mundo, radicalmente distinta, me hace estar aislado. Incluso en la presencia del mismo fenómeno, mis observaciones sobre el mismo se diferencian del común de las opiniones. En algo tan simple como conversar sobre el visionado de una película me formo una opinión tan diferenciada del común que se hace difícil compartirla.

Todo lo anterior es el preámbulo de porqué lo que sigue a continuación está en mi blog. Quizás a algunas personas les parezca absolutamente normal, no importa, no es nada extraño que sientan eso, pero se que a algunos anormales como yo les va a parecer gracioso. Al final, tomo esto como una de las pequeñas muestras del porqué prefiero ser un tipo solitario. A continuación les presento el fragmento de una conversación sostenida por un par de los especimenes más representativos de mi ambiente laboral.

Dos de mis compañeras de trabajo se acaban de encontrar en la fotocopiadora y tuvieron esta interesante y extremadamente profunda disertación filosófica:

Sujeto A: Oye, por que te pusiste esa blusa estampada sobre una pantalón amarillo?
Sujeto B: Por qué? Que tiene?
Sujeto A: No, es que eso es un crimen... Jamás se debe combinar una prenda de color fuerte con un estampado... Pareces un carnaval...
Sujeto B: Claro pero eso no es valido para el canutillo (¿?)
Sujeto A: Ay por dios, peor todavía... El canutillo esta pasado de moda
Sujeto B: Disculpa, pero el canutillo JAMÁS pasa de moda
Sujeto A: Jajajaja, claro que si, vamos a consulta con X para que veas que dice lo mismo
Sujeto B: Que apuestas a que no?
Sujeto A: Te apuesto un bienmesabe y un moka
Sujeto B: Ok, trato hecho.
El sujeto B se retira de la fotocopiadora, bamboleando sus caderas hacia los lados con aire despectivo (no la vi pero lo deduzco por el siguiente comentario)
Sujeto A: Ay por dios, te digo algo, las modelos caminan moviendo sus caderas hacia adelante y hacia atrás (¿?) y las que caminan moviendo las caderas hacia los lados son las malandras y las marginales.

Eso es todo. A veces no hay que buscar tan lejos

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