El Socialismo Inteligente
Semanalmente dedico varias horas de reflexión a la deteriorada situación económica que vive mi país, Venezuela, así que decidí destinar un post a uno de los motivos fundamentales por los cuales el país está en su posición actual: el socialismo.
Desde hace mucho tiempo he ubicado mi posición política y económica en la izquierda, pues el sistema que predomina actualmente en el mundo no me parece el más adecuado. Me parece triste el modelo de depredación actual, el de la supervivencia del más apto y el que soporta como racionalmente admisible el sufrimiento ocasionado por la pobreza. La observación de los números por encima del respeto a la humanidad.
Como muchos se imaginan a estas alturas soy socialista. No socialista de los de la América, no, no escribo sobre el socialismo entendido como una máquina de producir votos. No pienso en el socialismo de los regalos, del populismo, soy partidario de un socialismo inteligente.
El modelo de socialismo inteligente, no se basa en quitarle las propiedades a sus respectivos dueños para regalárselo a un conjunto de trabajadores que no tienen idea sobre como ejecutar los procesos productivos de los que se están haciendo cargo. No se trata de estatizar la mitad de las industrias del país para convertirlas en empresas improductivas y parasitarias. Tampoco estamos hablando de hacer regalos directos a las personas más necesitadas, no se necesita regalar dinero u objetos directamente para ayudarlos.
El socialismo inteligente, al que me refiero es simple de definir, sencillamente consiste en dejar que los más aptos en el desarrollo de los procesos productivos se hagan cargo de los mismos, bajo un estricto marco regulatorio, para a través de los impuestos asegurar las condiciones mínimas de subsistencia a la parte de la población que se encuentra en situación de pobreza. Obviamente estoy hablando de un socialismo estilo europeo. Quizás el socialismo de Lula en Brasil, se acerque también al ideal del que hablo.
La clave no es quitarle los medios de producción a los que saben manejarlos (y no hablo del nivel fabril, hablo de los que saben coordinar todos los procesos inherentes a la producción para lograr que efectivamente se generen productos y realmente lleguen a comercializarse). La clave es dejar que los que saben producir lo hagan de la manera en que saben hacerlo, manteniendo como tareas del Estado la vigilancia del impacto sobre el medio ambiente y el respeto hacia los trabajadores a todos los niveles, y tomar parte de la ganancia generada a través de una fuerte carga impositiva. Algunos creen que esto es un problema. Que los altos impuestos y los marcos regulatorios estrictos espantan a los inversionistas. Nada más lejos de la realidad. Si dudan pueden investigar como le va a la economía sueca, a la mayoría de los países de la región escandinava o incluso pueden extender su ámbito de investigación a la mayoría de los países de Europa Occidental.
Las condiciones estrictas no espantan a los inversionistas. Quizás pueden hacer que varíe el atractivo de una economía, pero les aseguro que siempre habrán agentes económicos deseosos de invertir en un mercado con condiciones estables. Lo que asusta a los inversionistas son las condiciones cambiantes, el no poder proyectar las reglas de juego más allá de unos pocos meses en el futuro.
La otra parte del socialismo inteligente contempla la redistribución de la riqueza captada por el Estado a través de los impuestos, hacia las clases más empobrecidas. Como ya lo mencioné, no a través de regalos, si no a través de garantizarles las condiciones mínimas de subsistencia: un buen sistema hospitalario de atención gratuita, educación gratuita a todos los niveles, programas de alimentación gratuita o subvencionada y un largo etc.
Espero que alguna vez, podamos convertirnos en un país en el que se pueda invertir y en el que realmente se ayude a los menos favorecidos. Y más allá del tema económico, me gustaría vivir en un país en el cual podamos proyectar como queremos vivir el resto de nuestras vidas dadas las condiciones actuales.
Desde hace mucho tiempo he ubicado mi posición política y económica en la izquierda, pues el sistema que predomina actualmente en el mundo no me parece el más adecuado. Me parece triste el modelo de depredación actual, el de la supervivencia del más apto y el que soporta como racionalmente admisible el sufrimiento ocasionado por la pobreza. La observación de los números por encima del respeto a la humanidad.
Como muchos se imaginan a estas alturas soy socialista. No socialista de los de la América, no, no escribo sobre el socialismo entendido como una máquina de producir votos. No pienso en el socialismo de los regalos, del populismo, soy partidario de un socialismo inteligente.
El modelo de socialismo inteligente, no se basa en quitarle las propiedades a sus respectivos dueños para regalárselo a un conjunto de trabajadores que no tienen idea sobre como ejecutar los procesos productivos de los que se están haciendo cargo. No se trata de estatizar la mitad de las industrias del país para convertirlas en empresas improductivas y parasitarias. Tampoco estamos hablando de hacer regalos directos a las personas más necesitadas, no se necesita regalar dinero u objetos directamente para ayudarlos.
El socialismo inteligente, al que me refiero es simple de definir, sencillamente consiste en dejar que los más aptos en el desarrollo de los procesos productivos se hagan cargo de los mismos, bajo un estricto marco regulatorio, para a través de los impuestos asegurar las condiciones mínimas de subsistencia a la parte de la población que se encuentra en situación de pobreza. Obviamente estoy hablando de un socialismo estilo europeo. Quizás el socialismo de Lula en Brasil, se acerque también al ideal del que hablo.
La clave no es quitarle los medios de producción a los que saben manejarlos (y no hablo del nivel fabril, hablo de los que saben coordinar todos los procesos inherentes a la producción para lograr que efectivamente se generen productos y realmente lleguen a comercializarse). La clave es dejar que los que saben producir lo hagan de la manera en que saben hacerlo, manteniendo como tareas del Estado la vigilancia del impacto sobre el medio ambiente y el respeto hacia los trabajadores a todos los niveles, y tomar parte de la ganancia generada a través de una fuerte carga impositiva. Algunos creen que esto es un problema. Que los altos impuestos y los marcos regulatorios estrictos espantan a los inversionistas. Nada más lejos de la realidad. Si dudan pueden investigar como le va a la economía sueca, a la mayoría de los países de la región escandinava o incluso pueden extender su ámbito de investigación a la mayoría de los países de Europa Occidental.
Las condiciones estrictas no espantan a los inversionistas. Quizás pueden hacer que varíe el atractivo de una economía, pero les aseguro que siempre habrán agentes económicos deseosos de invertir en un mercado con condiciones estables. Lo que asusta a los inversionistas son las condiciones cambiantes, el no poder proyectar las reglas de juego más allá de unos pocos meses en el futuro.
La otra parte del socialismo inteligente contempla la redistribución de la riqueza captada por el Estado a través de los impuestos, hacia las clases más empobrecidas. Como ya lo mencioné, no a través de regalos, si no a través de garantizarles las condiciones mínimas de subsistencia: un buen sistema hospitalario de atención gratuita, educación gratuita a todos los niveles, programas de alimentación gratuita o subvencionada y un largo etc.
Espero que alguna vez, podamos convertirnos en un país en el que se pueda invertir y en el que realmente se ayude a los menos favorecidos. Y más allá del tema económico, me gustaría vivir en un país en el cual podamos proyectar como queremos vivir el resto de nuestras vidas dadas las condiciones actuales.
Etiquetas: Economía, Economía Venezolana, Socialismo, Socialismo del Siglo XXI, Venezuela

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