lunes, agosto 10, 2009

La Tolerancia del Intolerante

Hace algunos días tuve una discusión con algunos compañeros de trabajo que me hizo reflexionar sobre el concepto de tolerancia que maneja el común de las personas. La discusión mantenida con mis compañeros giraba en torno a un ejercicio, cuya resolución se basaba en la aplicación de la más estricta lógica. Bajo mi perspectiva, con los datos suministrados, la solución lógica del ejercicio era imposible (y puedo decir en mi favor que ninguno de nosotros fue capaz de resolverlo). Finalmente alguien consigue la resolución del ejercicio (proporcionada por la persona que lo propuso) y repentinamente se agrega un dato adicional que según la opinión de la mayoría era “inferible” del planteamiento inicial. Yo mantengo mi posición y digo que era el dato adicional era necesario, y no inferible, para la resolución del ejercicio y en ese punto empieza el dilema que da titulo al post. Yo explico 2 veces cual es mi posición, con su sustentación lógica correctamente argumentada, y mis compañeros hacen lo propio unas 10 veces, después de las cuales yo doy por zanjado el asunto ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Simplemente, expresé mi reconocimiento y respeto hacia la solución del resto, aclarando que no la compartía, y les comenté que ante la imposibilidad de un acuerdo entre las partes, por la irrelevancia de la discusión y finalmente bajo la necesidad de volver a nuestras labores diarias, debíamos dar por terminada la discusión. Ante lo que a mi juicio es una posición intermedia y conciliadora, inmediatamente soy calificado de intolerante.

Todo el relato anterior no es una excepción en mi vida, tener una percepción distinta del mundo que me rodea, siempre me lleva a situaciones similares, lo que me hace intentar comprender que es lo que el común de las personas maneja como concepto de intolerancia. Antes de empezar a departir sobre el tema pretendo apoyarme en la definición del diccionario de la RAE para exponer lo que considero el concepto real de tolerancia:

tolerancia
(Del lat. tolerantĭa).
1. f. Acción y efecto de tolerar.
2. f. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Entonces, en mi opinión, mi actitud fue de perfecta tolerancia, y he aquí la explicación del malentendido: para el común de las personas (al menos en Venezuela), la tolerancia consiste en que los individuos que formen parte de alguna minoría cedan en sus posiciones ante la presión de las ideas generalmente aceptadas. Por ejemplo, en este país, si vas a una fiesta y no tomas alcohol a pesar de la insistente presión eres un intolerante, si no te gustan las discotecas, y por tanto no vas a ellas a pesar de numerosas invitaciones, eres un intolerante. Pero, poniéndonos en el caso contrario, si a alguien le gusta leer e invita a un foro de lectura a cualquier representante común de la fauna criolla, este puede decir que no tranquilamente y no es un intolerante, simplemente considera que eso es una actividad aburrida y no quiere perder su tiempo en ella.
Lo expuesto en el párrafo anterior no son suposiciones infundadas, son años de experiencias propias y reflexiones sobre las mismas. Es importante comprender que la tolerancia de una persona no consiste en que se comporte como se le pide, dejando de lado sus creencias y valores fundamentales. La tolerancia no consiste en romper tu propia integridad ante la presión social. La tolerancia es entender, valorar y respetar la diversidad de opiniones, comportamientos y formas de pensar por más que estos nos puedan resultar extraños, molestos o incomprensibles.